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La canción del amor o la poesía desnuda

  • Foto del escritor: Victoria Ramírez Llera
    Victoria Ramírez Llera
  • 25 jul 2018
  • 4 Min. de lectura

"Voy a decirte algo antiguo"... Delicado, ligero y rítmico, el verso abre "La Canción del Amor" y nos da pistas sobre lo que podemos esperar del tercer poemario de David Hevia, a saber, un conjunto de poemas exquisitos, en el que cada palabra, cada pausa y cada coma están establecidas con cuidado clínico, que dejan ver al poeta negociando consigo mismo el acento de cada letra, el corte de cada verso, la elección de cada palabra y el tenor del hablante en cada escrito, para dar al conjunto el equilibrio perfecto entre la espesura del significado y esa belleza que desvela los afanes del autor, y que podemos observar desde la portada, engalanada por la desnudez de tres musas enmarcadas por el bosque y que se esparcirá página a página.


En los poemas que pueblan "La Canción del Amor" conviven formas clásicas, que el poeta ha sabido traer a nuestros días y renovar con maestría; con juegos de palabras y de significado tan bien planteados que serán advertidos incluso para un lector novato de las letras de Hevia. Así, encontraremos versos alejandrinos como los repartidos en poemas como Jacarandá (Óyeme de una vez, albañil de la sombra, / y mira el campanario de pétalo violeta / ya derramado -amado- sobre tu triunfo de arco / cuando andas celebrando el semestral asalto / con que recobra el cielo la estatura del hombre), Balada de la calle a la que siempre vuelvo (A la vía en que vivo no llegarán mis padres) o Porque sí (Para escribir, permiso; para callar, tu beso).


Los alejandrinos comparten páginas en buena armonía con el verso libre que cae en algunas hojas, coqueteando con el dibujo en Trasluz (Hoy la imaginación / vino a cobrarme / la velocidad / de su montura) o con el eco de la voz del poeta en el bellísimo poema Aréolas (Descorrerá tu danza la sábana marina / y estaré rodeado de esa invasión azul / cuando dicte mi arraigo por haberme traído / la playa entre los pies y porque en tus aréolas haré olas, / haré olas, / haré olas). Y es que la reiteración es una figura que el vate usa con gracia y soltura, muy lejos de la molesta repetición cacofónica. La rima refleja también se asoma para aportar su melodía en versos como "la bocanada de la boca nada" o "el alba sea el albacea".


Sin embargo, más allá de las apreciaciones estéticas que no escasean en la lectura de "La Canción del Amor", sería injusto dejar de lado la dimensión militante de este libro. La poesía es una forma de entender la vida, es el par de zapatos con los que nos ponemos de pie en el mundo, el lente para ver y comprender desde ahí la realidad y el entorno en el que nos toca movernos y como no, la herramienta para dar cuenta de nuestra propia experiencia. Por eso en el libro, que recopila textos nuevos y antiguos, hay una huella biográfica latente de un hombre casado con la poesía de lo femenino y de la nostalgia En el poema Los Peligros podemos leer: Escondí palabras en la tierra / y vi morir relojes y huesos (...) Soy culpable / del ruido y de los vuelos (...) A menudo el tiempo / se paseó por mí / con su traje de niña hermosa (...) Cuando sea pequeño / volveré a tejer tinieblas. Sábanas que me silencien / bajos las olas, / bajo las olas que yo escogí.


David Hevia, poeta incansable, da cuenta de esta perspectiva y derrama en sus versos su propia visión de mundo, llevando al papel y en un bello registro experiencias biográficas como su transitar educador en la cárcel de mujeres, en un texto que más que un poema, es un puñetazo que golpea al lector y visibiliza en toda su magnitud a aquellas que muchos, en lo cotidiano, prefieren ignorar: Y las compañeras / no tienen acá / cómo decirte, / cómo avisarte, / cómo explicarte /que en lugar / de conmiserarte con ellas / entiendas que lo triste / es cuánto se parece / la cárcel a la escuela / donde enseñas,/ o al enorme templo votivo / donde se manipula / y se manufactura el futuro.


Para terminar, "La Canción del Amor" es el reflejo de una crónica poética que partiera hace años con la publicación de "Historia de la Desnudez" (2011), que continuaría con "Anoche el Día" (2015) y que hoy extiende sus trazos hacia este volumen reciente del que tenemos el privilegio de ser testigos esta noche. David Hevia ha configurado un corpus lírico que se ha ido enriqueciendo conforme pasan los años, cultivando una voz propia, un estilo reconocible, una posición transparente; en resumen, la construcción de un arte poética que en cada verso se refresca y se vuelve a comprometer. Quedamos invitados, entonces, a visitar "La Canción del Amor" y a la lectura de los poemas comentados..."o, si así lo prefieres, las palabras que siguen".

 
 
 

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